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El siguiente artículo fue publicado originalmente como suplemento de Spartacist el 10 de octubre de 2023.

Aclaremos dos cosas. Primera, los palestinos enfrentan una opresión nacional brutal y asesinatos indiscriminados por parte del estado de Israel; tienen todo el derecho a defenderse, incluso mediante la fuerza. En segundo lugar, el asesinato deliberado de civiles israelíes por Hamás y sus aliados es un crimen despreciable, totalmente contraproducente para la liberación palestina. Con Gaza enfrentando ahora la inanición y el asesinato en masa a manos de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), el movimiento obrero internacional debe oponerse urgentemente a este ataque. Pero para avanzar y triunfar, la lucha por la liberación palestina necesita un camino totalmente diferente de todo lo que se le ofrece, ya sea islamismo o nacionalismo secular. Lo que se necesita no son sentimientos baratos de empatía por parte de toda una banda de liberales de izquierda y falsos socialistas, sino un camino revolucionario para la liberación palestina.

Cómo derrotar al estado sionista

Para derrotar al enemigo, hay que explotar sus debilidades y neutralizar sus puntos fuertes. La fortaleza del estado de Israel proviene del hecho de que los millones de judíos que viven dentro de sus fronteras lo ven como la única forma de defenderse en una región hostil. Mientras esto sea así, los israelíes lucharán hasta la muerte para defender al estado sionista. Todo esto era parte del plan desde que el imperialismo británico decidió apoyar el proyecto sionista. Hoy, Estados Unidos e Israel aseguran sus intereses en el Medio Oriente violando los derechos nacionales del pueblo palestino y fomentando un estado permanente de hostilidad entre judíos y musulmanes. La combinación de una población militarizada y el respaldo imperialista le confiere al estado israelí su fuerza y una apariencia de invencibilidad.

Sin embargo, esta estructura es frágil y sólo se mantiene gracias a una mentalidad de asedio fomentada por la clase dominante. El punto débil es precisamente que es un estado teocrático militarizado gobernado por una camarilla cada vez más extrema de fanáticos corruptos. Los trabajadores israelíes se enfrentan a la conscripción, la regimentación religiosa y brutales condiciones de trabajo y de vida. La resistencia a cualquiera de ellas es tachada de traición a los judíos. Esta situación crea profundas fisuras raciales, sociales y políticas en Israel, que deben ser explotadas para destruir el estado sionista y liberar a los palestinos.

La estrategia de yihad de Hamás no hace nada de esto y sólo acentúa los puntos fuertes de Israel. Al atacar a civiles, sólo han conseguido movilizar a todos los israelíes detrás del odiado gobierno de Netanyahu, garantizando que toda la sociedad esté unida detrás de la sangrienta respuesta militar contra Gaza. Una confrontación militar en estas condiciones traerá derrota y muertes inconmensurables al pueblo palestino. No puede haber victoria sin romper el vínculo entre el pueblo trabajador judío y sus gobernantes, y esto no puede hacerse sin reconocer el derecho democrático del pueblo judío israelí a vivir como una nación en Israel/Palestina.

Los islamistas y los nacionalistas palestinos están siempre atrapados entre dirigir su lucha contra todo el pueblo judío en Israel o aceptar la convivencia con el estado sionista. Ambos son callejones sin salida. La clave es meter una cuña entre el pueblo israelí y el estado teocrático. Esto sólo puede hacerse con una estrategia militar y política marxista, basada en el entendimiento de que los conflictos nacionales y de clase, que se encuentran interrelacionados, no pueden resolverse dentro de los límites de la propiedad privada. Sólo desde este punto de partida es posible elaborar un programa que corresponda a los intereses tanto de los palestinos como de la clase obrera israelí.

Tomemos la cuestión de la tierra: los palestinos quieren, con razón, una restitución por el crimen histórico que sufrieron. Dentro de las estructuras sociales existentes, esto es imposible de conciliar con el derecho del pueblo judío a conservar la tierra en la que, en muchos casos, han vivido durante generaciones. Pero Israel, como todas las sociedades capitalistas, es extremadamente desigual. La mayor parte de la tierra y la propiedad está controlada por una pequeña fracción de la población, mientras que la mayoría lucha por sobrevivir. Si se expropia a esta capa parasitaria, es posible empezar a hacer justicia a los palestinos y mejorar las condiciones de los trabajadores judíos.

En el plano militar, es necesario ejercer la máxima presión sobre las FDI para mostrar a la sociedad israelí que la opresión palestina tiene un costo insoportable. El lanzamiento indiscriminado de cohetes sobre ciudades israelíes sólo aumenta la disposición de las tropas a luchar. Por el contrario, se debe movilizar a toda la población palestina para oponerse a cada centímetro de invasión territorial y romper el asedio a Gaza y Cisjordania.

Pero la resistencia armada por sí sola no puede traer la victoria; debe combinarse con una perspectiva de lucha de clases dentro de Israel. Esto requiere luchas por la liberación económica de los obreros, contra la discriminación racial de los árabes y los judíos no blancos, y por la separación de la religión y el estado. Todo ello debe estar vinculado a destruir el principal obstáculo que se interpone en el camino de cualquier progreso social: la opresión de los palestinos por parte de Israel. La tarea fundamental de los revolucionarios en Israel es precisamente luchar para que el movimiento obrero asuma la causa de la liberación palestina, en combate contra los dirigentes obreros sionistas.

De manera crucial, la lucha de clases en las ciudades también debe llevarse al interior del ejército israelí, con la perspectiva de escindirlo. Las FDI están compuestas en su inmensa mayoría de conscriptos obligados a servir. Si el servicio militar deja de considerarse vital para la supervivencia del pueblo judío, si el costo de oprimir al pueblo palestino se eleva demasiado y si el conflicto dentro de Israel alcanza el punto de ebullición, el ejército israelí puede resquebrajarse y lo hará.

Más de 75 años de historia brutal han entrelazado por completo los destinos de los judíos israelíes y los palestinos. La liberación de Palestina requiere la destrucción del estado sionista, que es imposible sin la liberación de la clase obrera israelí. A su vez, el avance económico, democrático y social de los obreros israelíes, e incluso su permanencia en el Medio Oriente, requiere el fin de la opresión de Palestina, que es el fundamento mismo del estado sionista.

Cómo derrotar al imperialismo

Israel está respaldado por Estados Unidos y todas las demás potencias imperialistas, como se ha visto una vez más con su apoyo incondicional a la embestida contra Gaza. Por lo tanto, la liberación de los palestinos requiere una estrategia para enfrentar y derrotar al imperialismo en el Medio Oriente y, en última instancia, en todo el mundo. Pero los nacionalistas son totalmente incapaces de hacerlo, al depositar su fe en la ONU y la “comunidad internacional” o al confiar en que los estados árabes hagan retroceder a EE.UU.

La ONU es una guarida de ladrones dominada por EE.UU. y las “grandes” potencias, que son a su vez responsables del desmembramiento de Palestina y la perpetuación de su opresión. El consenso entre los imperialistas es totalmente pro Israel. Incluso si orquestaran un cese al fuego o un acuerdo de paz, éste reflejaría necesariamente su interés, que es mantener el estado sionista como su puesto de avanzada en la región. Desde la OLP hasta la campaña de BDS [boicot, desinversiones y sanciones], cualquier estrategia que se apoye en los ladrones del mundo sólo puede intensificar la opresión de Palestina y conducir a la derrota.

En cuanto a los estados musulmanes, desde Egipto, Jordania y Líbano hasta Irán, han apuñalado cientos de veces por la espalda a los palestinos en aras de sus propios intereses oportunistas. Los jeques, dictadores y mulás que dominan el mundo musulmán “defenderán” a Palestina sólo en la medida en que eso ayude a sus propios objetivos económicos y militares y fortalezca su propia posición. Cualquier estrategia que vincule la lucha por la liberación palestina a ellos acabará necesariamente en traición.

Lo que se necesita es una estrategia que se base no en la “comunidad internacional” de imperialistas y gobernantes capitalistas regionales, sino en la movilización de la clase obrera internacional contra todas las potencias imperialistas y capitalistas. Lo que se necesita es una alianza de obreros y campesinos en todo el Medio Oriente para echar a los imperialistas estadounidenses y liberar a toda la región. Esto incluye a los obreros judíos israelíes que no tienen ningún interés en seguir siendo utilizados como peones de EE.UU. Además, quienes luchan por Palestina deben construir un frente internacional con organizaciones obreras estadounidenses, británicas, francesas y alemanas para detener los envíos de armas a Israel. Estos trabajadores son los que transportan las armas. Y sus luchas son la forma más segura de debilitar al imperialismo y hacer avanzar la causa de la liberación palestina.

Pero son precisamente estos aliados tan confiables a quienes los panislamistas y los nacionalistas rechazan. Al aliarse con los gobernantes árabes, se alían con los explotadores de las masas árabes. Y los obreros estadounidenses y europeos, incluidos los obreros judíos, nunca serán ganados a una lucha librada bajo la bandera islámica y por la destrucción de todos los israelíes.

Porristas socialistas de Hamás

Tras la ofensiva de Hamás contra Israel el 7 de octubre, los medios de comunicación pro israelíes han desatado una campaña de propaganda masiva para justificar la sangrienta represalia militar de Israel y maquillar la opresión palestina. Para contrarrestarla, muchos supuestos comunistas y socialistas —desde el Socialist Workers Party en Gran Bretaña hasta el Partido Comunista de Grecia— han escondido bajo la alfombra los criminales ataques de Hamás contra civiles en nombre del derecho de Palestina a defenderse.

Esto no sólo arrastra el nombre del comunismo por el lodo al asociarlo con los crímenes de Hamás, sino que también acepta que el pueblo palestino siga siendo dirigido por estos fanáticos carniceros islamistas. Tales izquierdistas saben muy bien que Hamás no traerá la liberación palestina y, sin embargo, guardan silencio sobre la cuestión por una solidaridad liberal barata.

Toda la estrategia de Hamás consiste en provocar una fuerte reacción israelí, lo que pone efectivamente un chaleco suicida a toda Gaza. Es necesario tomar una posición inequívoca en defensa de Gaza contra las sangrientas represalias de Israel y, al mismo tiempo, oponerse a esta desastrosa estrategia.

Algunos izquierdistas como Left Voice, sección estadounidense de la Fracción Trotskista [cuya sección mexicana es el Movimiento de Trabajadores Socialistas], susurran al final de su artículo: “Estamos del lado de la resistencia del pueblo palestino. Pero eso no implica compartir la estrategia y los métodos de Hamas, que tiene como objetivo establecer un Estado teocrático” (7 de octubre). Dicho esto, nada de lo que escriben busca romper el dominio del nacionalismo y el islamismo sobre la lucha de liberación palestina. Al igual que la mayor parte de la izquierda, asumen el papel de porristas liberales, que no pueden ser críticos de grupos oprimidos incluso cuando éstos están siendo llevados al abismo.

El papel de la izquierda seudosocialista es aún más despreciable dada la desesperada y creciente necesidad de los palestinos de un camino viable para su liberación. Los acontecimientos se desarrollan rápidamente hacia un nivel de carnicería y reacción que no se ha visto en décadas. Si los socialistas no luchan por una solución revolucionaria al conflicto, la creciente desesperación del pueblo palestino se canalizará una vez más hacia los brazos de la reacción islamista, mientras que los judíos serán empujados con mayor fuerza hacia los brazos del sionismo. Este carnaval de reacción no se quedará dentro de las fronteras de Israel y Palestina, sino que se extenderá a lo largo y ancho del Medio Oriente y el mundo. Romper este ciclo es la tarea urgente de los socialistas.

¡Defender Gaza!

¡Fuera Israel de Cisjordania y los Altos del Golán!

¡Por una federación socialista del Medio Oriente!